Te dejo a continuación algo que he escrito para ti y te leo en este tiempo de cierre de año por si quieres dedicarte 6 minutos de inspiración.
También te dejo clicando aqui el enlace del audio que hice el año pasado por si te apetece escucharlo.
En ocasiones, especialmente cuando se acerca la Navidad y fin de año, se me enredan las emociones y pensamientos y me descentro. Me pregunto si sólo me ocurre a mí que las demandas, tanto exteriores como interiores, junto con los dolores del mundo nublan mi mente, apagan mi corazón, y siento mi cuerpo lento y adormecido. Me veo otra vez, arrastrada fuera de mí, y vuelvo a olvidar la esencia de lo que soy y lo que estas fiestas realmente me aportan. Me siento confusa y desorientada y me doy cuenta de que necesito darme tiempo para parar, respirar y centrarme de nuevo. Encuentro este tiempo durante la noche, que me trae el silencio y la oscuridad, y así la oportunidad de sentirme y armonizarme.
El ciclo anual de la tierra refleja el ciclo de un día, la equivalencia de la noche sería (en el hemisferio Norte) el tiempo que vivimos ahora, el solsticio de invierno. Es un tiempo que nos invita a recogernos, a descansar y a soñar, en contraste con lo que se vive en el mundo “civilizado” movido por el interés comercial, que encubre el silencio y aturde todos nuestros sentidos.
Se me ocurre compartirte un pequeño viaje que voy a emprender para volver a habitarme y a conectar con la esencia de este tiempo, te invito a unirte.
Cierra los ojos y haz una profunda inspiración, ensancha tanto como puedas tu pecho, llenando tus pulmones al máximo con aire nuevo, fresco y limpio, y sostenlo durante un instante y para exhalarlo, si te lo permites, haz un gran suspiro. Mueve un poco tu cuerpo, haz los ajustes que necesites con la intención de estirarlo y aflojarlo, ablandarlo, de buscar comodidad dentro de él, incluso bosteza y ponte en modo creativo vamos allá.
Busca o crea en tu mente, el recuerdo de algún momento en que hayas sentido la calidez de los rayos del sol en la piel de tu cara. Trata de evocar esa sensación de temperatura agradable y bienestar, y mueve lentamente tu cara hacia un lado y hacia otro, disfrutando de esa calidez que te acaricia. Ve con los ojos de tu imaginación la claridad y el calidoscopio de colores que aparecen generados por la luz que traviesa tus parpados. La luz tibia y dulce que nos ofrece padre sol empieza a filtrarse por la tu piel de tu cara, precipitándose suave y lentamente hacia el interior de tu ser, expandiéndose, por tu cuello, tus hombros, tus brazos, tus manos, y tu tronco, hasta bañarte por completo, dejando en ti una estela luminosa que alcanza tu corazón, el órgano de la vida y el amor para reavivar su fuego y hacerlo latir con deseo, impulsando con pasión la sangre que a través de tus arterias reparte amor, serenidad y alegría a cada una de tus células hasta desbordarlas, de manera que tu misma empiezas a irradiar ese sentimiento de serenidad, luz y amor más allá de tu piel, contagiando ese amor luminoso a todos y todo cuanto te rodea. Siéntete como una brillante luz pulsante de amor, pulsante de serenidad y vida que crece y se suma a todos los seres que aman el planeta, y qué como pequeñas luces dispersas en el mundo, empiezan a iluminar la oscuridad, cocreando un espacio de amor y esperanza, soñando un mundo mejor que es posible si todos lo deseamos.
Y guarda esta sensación también para ti, para evocarla cada vez que la necesites. pues como me dijo una hermosa maestra hace bien poquito, si no encuentras el amor fuera, búscalo en tu interior, pues allí siempre lo encontrarás.
Mi deseo para ti, es que encuentres tiempo para recogerte y descansar, y que en ese silencio pueda emerger la esencia de la Navidad, LA FUERZA MÁS PODEROSA DE TODAS, EL AMOR, el que habita en ti, que lo puedas sentir y hacer crecer y que lo siembres allí donde vayas.
Te deseo Feliz Tiempo de Solsticio, Feliz Navidad, Feliz año nuevo, que la amor, la serenidad y la paz sean contigo, y se expandan por todos los rincones del planeta.
Con cariño
Esther
