Las estaciones traen consigo olores, colores, temperaturas, vientos y sensaciones distintas, que nos empapan y modelan nuestra manera de vivir en los distintos tiempos del año.
Me fascina que cada estación se muestre en todo lo que hacemos y vivimos en nuestra vida. En nuestro ciclo día-noche, en nuestro ciclo menstrual, en nuestras etapas vitales, en nuestros proyectos, en todo. Todo, absolutamente todo, nace, se desarrolla y muere.
El otoño es un tiempo de transformación que nos invita a ir hacia el interior de nosotras mismas.
En el tiempo de un día, el otoño sería el atardecer después de haber trabajado todo el día. El momento de la retirada, de volver a casa, de revisar la jornada y tomarse un tiempo para una misma.
En nuestro ciclo menstrual, sería el momento premenstrual, donde hay gran tensión corporal y anímica, pues nos habíamos preparado para gestar una criatura en nuestro vientre y por el motivo que sea no llegará. Es el paso de la plenitud-ovulación al vacío-menstruación.
En nuestras etapas vitales, el otoño sería el climaterio, tiempo en que sentimos mucha tensión interna y un gran cambio corporal para dejar atrás la etapa de fertilidad y de crianza, e iniciar la segunda mitad de la vida.
Vivir la primavera y el verano, es maravilloso, son tiempos de juventud, fertilidad, expansión, acción, pre-ovulación y ovulación. Son tiempos en que gozamos de mucha energía y estamos disponibles.
Tomar el otoño y el invierno, el climaterio, la madurez, la reflexión, el descanso, el tiempo premenstrual y menstrual, nos suele costar más. Tal vez porque no nos sentimos tan enérgicas. Tal vez, por que socialmente se reconoce más el valor de las dos primeras estaciones, la juventud y la maternidad, aparentemente más productivas, mientras que la madurez y la senectud se ven despreciadas, por mostrarse menos disponibles y ser aparentemente menos productivas. Quizá por que en nosotras está muy arraigada la cultura del esfuerzo y del trabajo y no hay lugar, o está mal visto el tiempo de gozo y descanso. Quizá porque hemos olvidado reconocer la sabiduría de los que llevan más años viviendo en la tierra.
Es vital reconocer el valor de cada etapa de los ciclos, lo necesario de ir hacia dentro y del descanso. Incluso la tierra se ha de abonar en otoño y ha de descansar en invierno. Si este cuidado no se hace a conciencia, pronto, la tierra se verá agotada y no podrá ofrecernos nada.
Tomar el otoño es acogernos en ese momento de menor disponibilidad para los demás, ese momento de tensión, irritabilidad, tristeza y agotamiento, debido a la entrega muchas veces desmedida hacia los otros, para ir un tiempo hacia nosotras mismas.
Tomar el otoño, tanto al atardecer, como en el momento premenstrual o en el climaterio, es cuidarnos y atendernos, abonarnos con aceptación e inmenso amor.
Acogernos y escucharnos en estos momentos, con nuestra baja energía, debilidad y vulnerabilidad, hace que aumente nuestro autoamor y nuestro conocimiento sobre nosotras mismas. Es abonarnos en amor, claridad e impulso, para renacer con energías renovadas.
Cada otoño la tierra nos invita a ahondar en nosotras mismas, a revisar nuestra vida para poder hacer los ajustes necesarios para vivirla como imaginamos.
Los encuentros que ofrezco en este tiempo tienen que ver con la energía de este momento. Cada otoño ofrezco una visión femenina del climaterio, puedes leer más clicando en EL Climaterio. El Otoño en Ti, y mirar en la Agenda todas mis propuestas. Si te resuenan y te apetece venir, serás muy bienvenida.
Deseo que cada otoño sea un buen remover y airear tu tierra, un cuidarte y abonarte para llegar al invierno liviana y poder abrirte al descanso. Y finalmente renacer en primavera con alegría y energía.
Buena transformación, con cariño
Esther
Si no has estado nunca en un círculo de mujeres y quieres saber sobre lo que hacemos puedes leer aquí ¿Qué es un círculo de mujeres? y aquí : te ofrezco un círculo de mujeres.

M’encantas!!!
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